Cosas en las que pienso mientras me titulo

Las aplicaciones de citas están gamificadas. No merecen tu atención

Lo he vuelto a hacer, querides lectores. He vuelto a descargar bumble. Esta vez no sólo he descargado bumble, si no que hice una cuenta nueva porque hace unos meses borré la que tenía desde el 2023. Es humillante, pero si aún no lo saben, me gusta humillarme, lo he hecho varias veces, y lo seguiré haciendo. Ya que estamos con las humillaciones, hablemos de

Las citas

Lo dijo Schopenhauer y lo dijo Shinji Ikari. El ser humano es borde y no soporta convivir con el resto, pero si no lo hace se hace pasita y muere (o se vuelve votante de ultraderecha, lo cual es morirse espiritualmente). En este mundo habrá gente que quieras, que te quiere, y en casos muy particulares, que pasen ambas cosas. Mayoritariamente no te van a aguantar ni vas a aguantarles, pero es importante que nunca dejes de intentar pasar a través de la rugosidad que surge de hallar el idioma que compartes con le vecine a quien le prestas más atención de lo normal. Ese que camina de una cierta forma, que huele bien aunque sean las 7 de la mañana y ambos estén en calzones, o que se te queda viendo sin que le notes. La cercanía física y la presencia en distintos contextos casi seguramente brinda deseos de conexión, deseos sexuales o deseos de vinculación platónica. Eso siempre ha pasado, y se supone que siempre iba a pasar. Hasta ahora.

Qué está pasando ahora

Vivo en un cerro. No es exageración, si quiero ir al cine local tengo que bajar una pendiente. No es posible pasar camiones, todo el mundo se mueve en coche si bien les va. Prácticamente toda la ciudad está al menos a media hora de camino. Además de eso, no tengo trabajo. Todo está mal. Especialmente si de vinculaciones se trata. No tengo que salir, por lo que no tengo la necesidad de conocer personas, y las aplicaciones de citas parecen brindar la practicidad de la era de la información a los anhelos de conexión con los que me cargo en ocasiones.

No sirven de nada.

Ninguna de las personas que conozco comparte gustos, espacios (claramente), ni cercanía conmigo. Hay gente que vive en Naucalpan, por piedad. Estuve 22 años de mi vida queriendo huir de ahi, ¿qué hago hablando por teléfono con alguien que trabaja en Satélite y a la que nunca voy a ver? ¿Por qué estamos dandonos estas concesiones? ¿Qué se supone que debería de hacer con el hecho de que soy deseado por gente a 20 kilómetros a la redonda? ¿Dónde queda Zinacantepec?

Pa pronto, en el mejor de los casos, conozco a alguien a quién responderle las historias de instagram, en el peor de los casos pierdo tiempo y dinero con gente con quien no habrá segunda cita.

Amor de lejos, ya no es para mí

No soy ajeno a las relaciones a distancia. Las personas que más he querido han sido amigos de internet. El problema es que los hice a los 12 y tenía más paciencia que ahora. Todo eso cambió hace unos años. Empecé a conocer gente en persona y me dí cuenta de algo. Todavía no sabía de qué. Ahora creo que ya sé, y lo puedo sintetizar en 3 puntos:

  1. La espontaneidad

  2. El contacto

  3. La prevalencia en el tiempo

¿Qué tienen que ver las aplicaciones de citas en todo esto?

¿Qué es gamificar?

Conclusiones

CC BY-SA 4.0 Eduardo Vazquez Kuri. Last modified: June 18, 2026. Website built with Franklin.jl and the Julia programming language.