Hoy es 9 de noviembre. El jueves pasado se habrían cumplido 6 semanas desde que un interés amoroso — con quien utilicé una de las pocas oportunidades que me doy cada año para querer y anhelar hasta que me consuma lo que siento — pidió no volver a verme. Es la primera vez en mi vida que alguien explícitamente me pide eso. Normalmente sólo se van. No puedo sentir muchas cosas negativas hacia con la persona por eso, agradezco que siempre me dijo lo que sentía y lo que pensaba. De todas maneras, para ese punto de la relación yo ya estaba preparado para hacer eso, pero quería dejar correr la regla de los tres meses primero. Es eso o el hecho de que es extremadamente difícil para mí pedirle a mis casialgos que mejor no hay que ser nada.
Nunca se me ha hecho fácil expresar mi voluntad a terceras personas. En mi cabeza es mi deber ser quien entregue lo que tenga que entregar de sí a la persona querida/amada/deseada, y quien reciba su voluntad. No creo que el problema sea el miedo (espero que no sea el caso), porque no tiene sentido que mis ex amores — la mayoria de ellos midiendo entre 1.48 y 1.68 m de estatura, de caracter amable, y una disposición a hablar de lo que sentimos de manera abierta e irrestrcta — inspiren miedo en mi corazón (si unx chaparritx llegó a tu vida y llenó tu corazón de miedo, también se vale). Realmente no era eso. Simplemente en mi cabeza no podía identificar lo que sentía como un problema.
Ser un adulto joven en el decimotercer año después del fin del mundo implica que he vivido, hecho, y sido testigo de muchas culeradas de distintos niveles. He escuchado a amigos y amigas lamentar omisiones, tratos hostiles y hasta posible violencia física de parte de sus parejas. Está de la verga eso. Mándalx alv. ¿Qué haces ahí? es lo que suelo aconsejar (porque soy muy creativo), y consideraba que era la mejor solución al problema que me describían. Además, mi papá y mi mamá han sido un ejemplo de lo que yo defino como recibir más de lo que puedes manejar. No estoy para exhibirles pero sí puedo puntualizar que, como pasa en todos lados, se han mantenido casados por inercia. Habían muchos gritos todo el tiempo, realmente no se caían bien, pero nunca se sentaron y pidieron ya no volverse a ver como pareja. Nunca hubo, según yo, un problema que ameritara concluir la relación.
A lo que voy es que, para yo definir algo como un problema tiene que haber
Violencia física
Violencia psicológica
Crisis
Conflictos irremediables de ambas partes
Y lo que me suele pasar simplemente es que ya no me siento cómodo con compartir mi vida en pareja con la persona. No tienen que ser agresivxs, la mayoría de las veces no lo son. Simplemente lxs conocí, inicialmente me llamaron la atención, luego descubrí tanto en las citas como en la cotidianeidad que a la mera no me terminó de intrigar, emocionar, atraer o sorprender su mundo interior. Creo que es normal, no todos somos para todos. Los griegos lo sabían. Sin embargo, en mi cabeza no lo considero como razón suficiente para cortar el vínculo. El problema aquí es que eso tampoco me pasó esa vez.
Esa vez sentía que, por mucho que me cautivaba su forma de ver el mundo, su conocimiento sobre todos los datos inservibles que sé (y más), la devoción que mostraba al aprendizaje y la propagación del conocimiento, sus gustos en manga, y sus ojazos, notaba hostilidad en su actuar. Además, no podía evitar pensar que agosto y Bumble no eran la fecha ni el medio idóneo para buscar pareja luego de lo que me llegó a contar que había vivido. No era nadie para decirle qué hacer entonces nunca le dije nada. Pero en el fondo sabía que tenía que dejarla ir.
Como podrán imaginar, no fue fácil. Fue difícil, incluso. Tan difícil fue que no lo hice yo, nomás me comporté como un enfermo, buscando cualquier indicio en su actuar para asumir que no quería verme. A la fecha no sé si realmente quiero saber de ella. Por mi bien sé que lo mejor es mantener la mayor distancia posible, pero de verdad me apena no habernos conocido en otro momento. Igual y para ella fui otro pendejo que tuvo el infortunio de conocer pero eso ya no me compete saber. Dos días despúes del incidente me inscribí a clases de alfarería.
Le llegué a contar que quería aprender, pero el taller al que acudí no sacaba horarios, o los horarios que tenía no coincidían. Desistí con esos weyes y me fui con quienes hasta la fecha tomo clases. Todo ha sido espectacular. Es más de lo que hubiera imaginado. Me gusta, lo que quiero hacer me sale, y no me canso de trabajar en el torno. Es una pena que bajo nuestro modo de producción no haya forma económicamente viable de vivir de ello, pero carajo, qué preciosa actividad es la alfarería.
Durante mi última clase hice un par de tazas. Sólo logré ensamblar una, pero aprendí algo de lo que no he dejado de pensar: Sólo puedes unir barro usando barro. El barro es su propio agente aglutinante. Para unir una asa a su taza necesitas un menjurje hecho de barro y agua. Lo que ocurre es que las piezas de barro al unirse con este menjurje no pueden identificarse como piezas distintas en el punto de unión, entonces al pegarse estás haciéndoles creer que son la misma cosa. Esto pasa con otros materiales, en el vacío del espacio. El soldado en frío es el fenómeno físico ocurrido cuando dos pedazos de metal están lo suficientemente cerca uno del otro, en un ambiente sin atmósfera, haciendo que crean que son la misma cosa.
Llevo casi dos semanas pensando en eso. El barro se comporta de maneras muy particulares. Es un medio compuesto de muchas particulas muy pequeñas, lo suficientemente pequeñas para que se derrita si está lo suficientemente humeda, pero no tanto como para que no sientas las partículas. Coincidentalmente, ese es el mismo tipo de sistemas que el equipo de mi asesor de tesis de licenciatura analizaría, y sirve como ejemplo de los extremos a los que puede llegar la materia.
Desde ese día me he topado con barro en varios lados. El lugar más reciente ha sido el viaje a Puebla del que acabo de llegar. Ayer fui al Zócalo porque no tenía nada mejor que hacer debido a que la fiesta a la que se supone que iba a ir se canceló y ¡Oh sorpresa! Estaban haciendo una actividad que involucraba la creación de un objeto de cerámica. Fue divertida, me gustaron la chica que me registró y su amigo, y me regresé a mi hotel. Poco después le hablé a un amigo, salimos y nos la pasamos bien. Todo este viaje me sentí tranquilo, nada podía afectarme, luego llegué a la Ciudad y el sentimiento de inadecuación, tristeza e incomodidad regresó. Estaba esperándome en el andén de la estación de Insurgentes.